Es fascinante el hecho de que, del 100% de mujeres que conozco, el 100% queda descontenta cuando pasa por las manos de un peluquero. ¿Qué demonios pasa dentro de esos establecimientos donde el olor me retrotrae a mi infancia (una de mis tías era peluquera, y una de mis hermanas lo es en la actualidad)? Me imagino a la chica, con sus puntas abiertas (algo fascinante, sin duda, una punta abierta) y su pelo un poco ajado, mirando temerosa, con ojos de bambi asexuada, a la peluquera/peluquero de rigor, diciéndole: “Déjame así, asao, pallá, pacá, y corto pero no mucho pero mira así no, así sí” y el otro, para sus adentros, pensando “Si da igual, si al final voy a hacerte lo que me salga del coño (eso vale tanto para peluquera como para peluquero”. Porque ellas dicen que lo explican todo muy bien, que la culpa es de ellos. Claro. Ellas nunca dicen ”Oye, ¿quieres que te eche el ”eso”? o ”El abridor está allí, al lado de ”eso”… Es fascinante el poder que tienen los adverbios demostrativos en la psique femenina. Así que claro, a lo mejor le dicen al peluquero ”Las puntas así, y esto me lo dejas así como aquello, y lo largo lo quiero como ese de ahí que esta al otro lado”. Ahahá. Por eso creo, chicas, que la culpa no es de los peluqueros, sino de vosotras.
Todo esto viene a que he descubierto un blog en el que ilustran diversos peinados de los cuales, sus propietarios, están la mar de orgullosos. Como muestra, un botón:





